10 días de retiro en un templo budista

por nicobonder
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En Tailandia Lu realizó durante 10 días un retiro en el templo budista Wat Trivisudhidham, ubicado en una zona rural, y nos cuenta esa experiencia en primera persona.

 

EL VIAJE

No fue fácil llegar hasta el lugar. El templo no es muy popular y las instrucciones no eran muy precisas, además la comunicación, entre mi inglés y los tailandeses, generó algunos malos entendidos. Después de ir y venir en un par de combis que no lograban entender a dónde quería ir y perder toda la mañana, comenzaba a sentirme triste por no saber qué hacer, y de golpe ví el cartel de la Van 69, era la que necesitaba.

BIENVENIDA

El templo es un complejo enorme, rodeado de campos, y con varios galpones, donde funcionan los distintos consultorios, donde se duerme, donde se come y donde se reza. La van me dejó dentro del templo, pero en una calle donde el único que me miraba con mucha saña era el sol 🌞. A lo lejos vi unas personas y me acerque. Para mi suerte entre ellas estaba Elena, una chica española que escribió en un blog la experiencia que vivió en otro templo. Ella me ayudó a completar todos los pasos para poder comenzar mi retiro en el templo y me explicó las rutinas diarias.

Fuimos a la recepción a registrarme, dejar mi celular (porque para poder hacer un retiro en un templo budista, tenés que despojarte del teléfono por los días que vayas a estar), recibir un libro con los rezos y las oraciones que se cantan todos los días en la mañana y en la noche. El libro está en el idioma Pali, antiguo idioma de la India que usan los monjes de distintos países para comunicarse entre ellos, y con la pronunciación en inglés, así que podía entender cada canción. Después nos fuimos a alquilar la ropa blanca que debía usar en los 10 días de retiro.

Luego de todo, al fin pude descansar.

Ese primer día me sentí como turco en la neblina. Elena me explicó un poco el itinerario de cada día. La campana suena a las 4 am, ir al chanting a las 5, limosnas para los monjes a las 6. Y las actividades seguían hasta terminar el día. De todas, la más difícil para adaptarse fue la de la comida. A las 8 desayunan los monjes, y cuando ellos terminan, podíamos hacerlo nosotros. Y el almuerzo es a las 10:30 de la mañana, esa es la última comida del día.

Se supone que los budistas son vegetarianos, pero los monjes deben aceptar todo lo que les ofrecen, así que en el templo también se comen platos con carne. Es una de las cosas que se aprende cuando hacés un retiro en un templo budista.

Entre tanta información, me sentía confundida. Luego comenzaría a entender mejor el cronograma. De todos modos, la gente aunque no sabe inglés, intenta ayudarte de alguna forma.

El primer día, te hacen tomar los 8 preceptos que dejó Buda para alcanzar la iluminación. Las personas laicas, tienen que seguir 5 de ellos, que son:

*No matar
*No robar
*No mentir
*No mantener una sexualidad inapropiada
*No tomar intoxicantes

Por el cuarto precepto, cuando Nico fue a buscarme después de 10 días sin vernos, ni siquiera nos pudimos saludar con un abrazo. Hombres y mujeres no pueden tener ningún tipo de contacto físico.

Y cuando vas a compartir con los monjes un lugar sagrado, tenés que tomar los otros 3 preceptos que tienen ellos, que son:

*No sentarse en un trono o cama alta (Significa no ocupar un asiento más elevado que el que nos corresponde, como por ejemplo el asiento de un lama).
*Ayuno (Este precepto incluye el compromiso de hacer una única comida, lo suficiente para mantener la salud en beneficio de los demás).
*No usar ornamentos ni música (Incluye cualquier tipo de fragancia, desodorante, cosmética, joyería, adornos, etc. En cuanto a la música, se refiere a perder la concentración entregándonos a cantar, tocar un instrumento, bailar o escuchar música por placer).

Salón para dormir en el templo budista
Este era el galpón donde dormíamos todos. De un lado hombres y del otro mujeres

Una vez que tomas los preceptos, estás listo para ir a ver al Master.

Después de todo esto la siguiente parada será, dependiendo el objetivo con el cual fuiste a hacer el retiro, visitar al médico, comenzar con la desintoxicación o simplemente meditar 🧘‍♂️. Yo elegí visitar al médico, que unido a la meditación, me ayudaría a sanar mi cuerpo desde un plano más espiritual. Después de contarles algunos problemas que había tenido en los últimos meses, y de responder preguntas sobre cada uno de los dolores de mi cuerpo, me dieron para tomar algunas infusiones, yogurt, algunas pastillas naturales y sesiones en varios médicos y especialistas: quiroprácticos, masajistas, reflexología, reiki y yoga; todo esto es parte de la medicina ancestral tailandesa.

Las experiencias fueron increíbles. Te detallo algunas de ellas a continuación.

ALINEADO Y BALANCEADO

Las experiencias que más me gustaron fueron dos. Una en donde me acomodaron todos los huesos. Me acosté en una camilla boca arriba y con una soga detrás de mi cuello, una masajista me levantó la cabeza. Ella sostenía los extremos con sus manos, y como si quisiera despegar mi cabeza del cuello dio un tirón, sentí una a una todas mis vértebras acomodándose 💆🏽‍♀️.

Luego se fue a mis pies, se subió a la camilla y me pidió que me sostuviera fuerte, como si mi cuerpo fuera un látigo, me sacudió desde los pies y me hizo mover todo el cuerpo como una ola, como cuando intentás hacerlo sonar y escuchar el juichi del látigo. Salí de esa habitación casi levitando. Con un nivel de relajación que se alcanza con 10 horas de masajes. Nunca imaginé que iba a vivir esto mientras hacía un retiro en un templo budista.

La segunda experiencia fue la de los masajes con los pies y aceite de oliva. Otra masajista se colgaba de una viga, se untaba aceite en un pie y lo calentaba con unas brasas que tenía al lado. Antes que se enfríe ya lo estaba apoyando en mis hombros y con unos movimientos descendentes masajeó desde la cabeza hasta los pies, de un lado y del otro. Me dejó como nueva.

CONOCIENDO AL MASTER

Uno de los momentos importantes para todos los que van al templo es conocer a su director, el master. Un monje que dicen que está atravesando su última vida y que ha decidido ayudar a todos los seres que habitan la tierra y otros planos, y que por eso es visitado por seres de otros planos espirituales para que también los ayude.

El master vive en una casa pequeña dentro del complejo, que está repleta de vitrinas con miles de Budas que la gente dona al templo, como parte de los méritos que hacen para mejorar su karma.

El master es un hombre de unos 60 años con la piel blanquísima y muy fina, pelado como todo monje, con la piel arrugada y la mirada serena. Su presencia, transmite cierta paz, y es considerado muy sabio por muchos tailandeses que lo visitan en búsqueda de consejos. Por la imposibilidad de entender su idioma, sus palabras no me generaron nada especial, pero me asombraba la cara de los devotos, que escuchaban agradecidos al monje, como si estuvieran viviendo un momento trascendental en sus vidas.

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Salón donde se realiza el chanting en el templo budista
Todas estas personas esperaban para poder ver al master (una de las pocas fotos que saqué en el único rato que tuve teléfono)

EL CHANTING

Todos los días desde las 5 a las 6 de la mañana y desde las 7pm a las 10pm, comenzaba el chanting, que es el momento en el que uno de los monjes va cantando los rezos, seguido por los demás monjes y los laicos que se acercan al templo para poder orar con ellos.

Era el momento donde todos se reunían a cantar en pali. Este era un momento de relajación, de introspección, de conectar nuestra alma con aquello que nos llena de energía. No es un momento silencioso, sino que están todo el tiempo orando o cantando, pero la vibración te va llevando poco a poco a concentrarte en tu interior.
Podés seguir las canciones con el libro que te dieron, que están los rezos en pali y explicadas en inglés o cerrar los ojos y dejarte llevar por el sonido mántrico que tiene el chanting. También podés elegir caminar por los alrededores.

El primer día no pude meditar mucho ya que era todo muy nuevo y diferente a lo que había vivido hasta ahora en materia de meditación. Pero al pasar los días pude conectarme cada vez más. También pude ver cómo los fieles se sentían al cantar. Algunos con total devoción y entrega cerraban bien fuerte los ojos y se inclinaban hacia Buda como si lo que necesitaran fuera en carácter de urgente. Otros lo hacían como un trámite, como cuando hacés algo con el cuerpo pero tu cabeza está en otro lado.

Las personas llevan una botellita con agua, y al terminar el chanting, van hacia algún lugar con tierra para tirar poco a poco el líquido, mientras van pidiendo que se les conceda algún deseo, o simplemente para pedir perdón a todas aquellas almas a las que les han causado sufrimiento, ya sea en ésta o en otras vidas. Me contaron que de esta forma, el agua y la tierra hacen de conectores más directos hacia aquellos a los que queremos pedir perdón 🙇🏽‍♀️.

Durante tu estadía vas a tener mucho tiempo libre para meditar fuera del chanting. Podes ir a cualquier lugar donde te sientas en paz y tratar de encontrar la forma de relajarte.

Este templo no es tan estricto como otros que he leído, donde no podes hablar con otros o mirarlos a los ojos. Acá puede haber interacción pero es mejor si tratás de tener la menor posible, así podés concentrarte en la meditación y en los asuntos internos que te preocupan. Otras cosas que están prohibidas es leer o escuchar música, incluso no podes cantar otras canciones que no sean del templo 🤫.

CÓMO ME HICIERON SENTIR

En todo Tailandia me sentí muy bien porque su gente es muy amable, servicial y están atentos por si necesitás ayuda. Esto se reflejó en el templo. Estábamos en una gran habitación con lugares asignados para poner tu esterilla o bolsa de dormir. Éramos más de 50 personas. Una mujer inglesa que solo fue por 3 días y yo éramos las únicas extranjeras. Al principio eran solo miradas apuntando hacia mí, pero poco a poco se iban acercando a hablarme, a saludarme, a tratar de explicarme alguna regla que había roto sin darme cuenta.

La mayoría fue muy amable conmigo, integrándome y haciéndome participar de cada actividad que ellos hacían. Miraban la abundante y enrulada cabellera que tengo y mi piel, que no era como la de todos los extranjeros, sino muy parecida a su color de piel. Les gustaba y me lo hacían saber. En el comedor, algunos se acercaban a regalarme alguna fruta o snack que tenían. Algunos sabían inglés y podía comunicarme con ellos, otros con una sonrisa me hacían sentir que era bienvenida en ese lugar que para ellos es muy sagrado.

Todas las personas que ayudan en el templo, como las “mechis” (monjas), también me ayudaban a entender y con paciencia me explicaban todas las reglas que debía seguir y las medicinas que tenía que tomar. En ocasiones tenía que tener paciencia, porque no todos hablaban inglés pero intentaban explicar con mímica lo que necesitaba saber.

UN DESCANSO PARA MI CABEZA

Pensar en español, hablar en inglés, pensar en inglés y tratar de entender el thái, jugar cada dos por tres al dígalo con mímica, uuff!! Mi cabeza por momentos pedía un respiro.
Entre tanto inglés, mímicas y thái, había dos mujeres con las que me encantaba hablar, no sólo porque aprendía mucho de ellas, sino que también podía hablar en mi idioma. Elena y Eva, ellas fueron unas excelentes anfitrionas en este lugar sagrado. Ellas son dos españolas, que al igual que muchos, llegaron con las ganas de conocer y experimentar la sabiduría budista, pero a diferencia de la mayoría, ellas sintieron que ese lugar era donde tenían que estar y hace más de 6 años que viven, ayudan y meditan en este templo.

Quienes me conocen, saben que no me caracterizo por ser muy verborrágica, pero pienso que esa fue la impresión que dejé en ellas. Necesitaba hablar, y en español, así que cada vez que las veía les preguntaba cosas y les contaba cómo me sentía.
Con mi inglés a medio camino, no es fácil expresar lo que quiero decir realmente, pero con ellas podía sentir que era libre y mis palabras comenzaban a salir una detrás de la otra, expresando a borbotones todos mis sentires.

Elena y Eva son dos personas maravillosas que estuvieron acompañándome en todo el proceso. Hablamos mucho, me contaron cosas sobre el templo y la religión, y respondieron todas mis preguntas. Solo tengo palabras de agradecimiento para ellas.  

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COSTOS Y CÓMO LLEGAR

¿Cómo llegar al templo desde Bangkok?

En Bangkok tenés que ir hasta el Shopping Pinklao, ahí hay una estación de buses (Bangkok bus Terminal). Ahí buscá la parada de Vans. Tenés que buscar dónde venden los tickets para la Van 69, que está cerca del baño de mujeres. Decile al vendedor que vas al templo Wat Trivisudhidham, el pasaje cuesta 200 Bahts. Suele haber una Van cada 15 minutos.
A las dos horas de viaje vas a ver un monumento de Don Jedi a tu mano derecha, eso significa que estás a 15 minutos del templo. Cuando veas el techo azul a la distancia, es porque ya estás llegando.

Si vas desde Suphanburi, este es el punto donde se toma la Van 69: 14°28’55.8″N 100°07’14.2″E
Malaiman Rd, Tambon Tha Pi Liang, Amphoe Mueang Suphan Buri, Chang Wat Suphan Buri 72000, Tailandia

Para más información, contactate directamente con el templo. Responden los mensajes por Facebook.
Toda esta información está en la pestaña de Notas en su Facebook.

Los costos

La experiencia en el Templo en sí es gratuita, pero hay gastos que tenés que tener en cuenta, por ejemplo, la ropa que vas a alquilar más el deposito que luego te devuelven cuanto devolvés la ropa. Asegurate que te den la factura con lo que pagaste y lo que te tienen que devolver bien detallado. En ocasiones ha habido confuciones al respecto.
Para que te presten el libro también tienes que dejar un deposito entre 200 y 250 bahts.
Cuando llegás y cuando te vas tenés que visitar al Master. Se acostumbra llevarle una flor que te costará 50 bahts.

Todos los días los monjes reciben donaciones de alimento que podés comprar por 20 bahts en el almacén (donde podés comprar un yogurt o alguna cosita si te da hambre después del almuerzo), o temprano a la mañana cerca del comedor hay una persona vendiendo las bolsas con comida que podés entregar a los monjes. No es obligatorio dar las donaciones, pero si pensás que ellos te brindan el desayuno, almuerzo, un lugar donde dormir con aire, y tenés todos los médicos a tu disposición, querrás entregar algo todos los días.

La Van que te lleva hasta el templo, aunque cuesta normalmente 200 desde Bangkok, no tiene bien estipulado el cobro del pasaje si vas desde otra parte. Por ejemplo, nosotros fuimos desde Kanchanaburi hasta Suphanburi en bus, y desde ahí hasta el templo (15 kilómetros) a mi me cobraron 100 Bahts. Después las chicas españolas me explicaron que fue porque van hasta el templo por dos pasajes como mínimo, entonces me cobraron a mi los dos pasajes. Cuando fue Nico, le cobraron 60, pero lo dejaron a mitad de la ruta para continuar su viaje en una moto que le cobró 40 bath (o sea que gastó lo mismo). Cuando quisimos volver juntos, tenían que cobrarnos un pasaje a cada uno, pero esta vez nos querían cobrar de más porque teníamos las dos mochilas. No nos pareció justo, así que al final nos fuimos con una pareja que estaba en su camioneta y también iban para la misma ciudad que nosotros.

Si tenés alguna duda sobre esta experiencia o tenés preguntas sobre cómo es un retiro en un templo budista, escribinos y te ayudamos con lo que podamos para que vos también puedas disfrutar esta vivencia de la mejor manera posible.

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