UN CUENTO CHINO: crĂłnica de 4 dĂ­as en China

por
0 comentario

En pleno auge del Coronavirus estuvimos 4 dĂ­as en China, acĂĄ cuento la precuela, la experiencia y la secuela de este viaje que no nos vamos a olvidar jamĂĄs. Y aunque ya salimos del paĂ­s, por la inspiraciĂłn, este es un cuento chino.

CapĂ­tulo 1 đŸ‡±đŸ‡Š

Llegamos a Laos, y cuando quisimos sacar la visa para China nos enteramos que en todo el paĂ­s no existe ningĂșn centro de aplicaciĂłn para visas.
Sí fue error nuestro, sabíamos que la visa no se sacaba en las embajadas, pero supusimos que en todos los países existía alguna oficina para solicitar la visa. No, solo se hace en un puñado de países.

CapĂ­tulo 2 đŸ‡ŻđŸ‡”

Llegamos a Japón. Lo primero que hacemos es sacar plata de nuestra cuenta argentina y lo segundo es perder la tarjeta, claro que recién lo supimos varios días después.

Aunque todavĂ­a quedaba algo en la cuenta que habĂ­amos abierto en Nueva Zelanda, no era suficiente para continuar el viaje como tenĂ­amos planeado. AhĂ­ empezaron las dudas, y se abrĂ­an los senderos de las decisiones.

Si no logrĂĄbamos que desde Argentina nos resolvieran el problema de la tarjeta tenĂ­amos que pensar cĂłmo seguir: la Ășnica opciĂłn aceptable era saltearse China e ir directo a Filipinas. De esa forma no tendrĂ­amos que pagar las carĂ­simas visas chinas y nos Ă­bamos a un paĂ­s mĂĄs barato.
Otro ingrediente en la ecuación era el clima: teníamos que viajar en una época que en Pekín la temperatura måxima es de 5° y la mínima puede ser de -10°.

Y el tercer condimento era el año nuevo chino. Nuestra estadía coincidiría con todo el período de festejo. Pros: ver los festejos en la propia China. Contras: transporte mucho mås caro, hoteles mås ocupados, dificultad para reservar ambas cosas. Con todo eso, ¿seguimos queriendo ir? Nos preguntåbamos, y un día decíamos Sí y al otro No. Y la indecisión nos estresaba, y lo de la tarjeta nos estresaba y Japón es caro y eso eso siempre estresa.

Cuando ya nos quedåbamos sin tiempo para decidir, desde Argentina llegó la buena noticia: la madre de Lu logró que desbloquearan una tarjeta de débito a nombre de Lu.

Capítulo 3 📝

La visa china es complicada. Te piden tener comprados pasajes de ingreso y egreso al paĂ­s y reservados los hoteles durante toda tu estancia. Y pagar bastante.

Una vez presentado todo, la cosa ya es rĂĄpida, a los 4 dĂ­as la retirĂĄs.

Visa china en JapĂłn
Esta es la vista desde el centro de servicios donde se saca la visa en Tokio

CapĂ­tulo 4 đŸ€”

En administraciĂłn se estudia la toma de decisiones en distintos escenarios: con certeza y bajo incertidumbre, y se descarta la posibilidad de poder decidir conociendo todas las variables implicadas en la situaciĂłn. Se llama decisiĂłn racional a aquella que lleva a elegir la mejor opciĂłn con la informaciĂłn conocida, y como siempre conocemos parte de las variables, los humanos (con suerte) tomamos decisiones de racionalidad limitada.

Al dĂ­a siguiente de tener las visas empezĂł a hacerse fuerte el rumor de que el Coronavirus era cosa seria, pero no se hablaba de la posibilidad de cerrar todos los atractivos. Algo que sĂ­ se dijo al otro dĂ­a, el 22 de enero. Nuestros pasajes estaban fechados para el 26.
El 23 y 24 fueron días de leer muchas cosas, algunos decían que todo estaba cerrado, otros que habían podido ir a la muralla. Algunos que tenían miedo porque el virus se contagia antes de saber que lo tenés, otros que se podía viajar tranquilo.

El 24 a la tarde leĂ­mos que estaba confirmado que no se podĂ­a ir a la muralla y parecĂ­a que la lista de lugares bloqueados iba a crecer.

CapĂ­tulo 5 â˜č

El 25 a la mañana caminamos hasta la oficina de la compañía aérea, era såbado y estaba cerrada.
Volvimos caminando con la resignación de un condenado. Vamos y vemos qué pasa. Vamos y vemos, si es tan malo como pintan, nos vamos råpido, y si se puede nos quedamos.

CapĂ­tulo 6 đŸ˜·

La escala en Shangai arrancĂł con entusiasmo, finalmente estĂĄbamos en China, no se veĂ­a nada de paranoia, el aeropuerto estaba tranquilo, poca gente.
Estrenamos las VPN y pudimos conectarnos a internet que era uno de nuestros miedos.

No recuerdo por qué, pero revisé los mails y encontré uno de un emisor chino, que decía Urgent Notice. Lo abrí con miedo, y el mail decía que esa noche podíamos dormir en el hotel de Pekin, pero que cerraban al día siguiente y teníamos que buscar a dónde irnos.

Ahí cambió todo el cuento chino, la alegría se transformó en angustia y desconcierto. Qué hacemos en un país bajo amenaza de epidemia, donde casi nadie habla un segundo idioma y en un hotel al que llegamos a la 1 am y nos tenemos que ir a las pocas horas, sabiendo que muchos hoteles estån cerrados.

Capítulo 7 🏹

En el bus desde el aeropuerto al centro perdĂ­ los guantes. Lu ya habĂ­a perdido los suyos, pero habĂ­amos encontrado 2 de diferentes pares, me prestĂł uno y asĂ­ andĂĄbamos, con un guante cada uno.

Llegamos al hotel de Pekín, parecía abandonado, había cåscaras de maní que formaban montañas, envoltorios de galletas y papas fritas por el piso, no encontråbamos cómo prender la luz, en un momento encontramos un gato dormido, había botellas de gaseosas por la mitad, vasos servidos sin tomar, colillas y cenizas de cigarrillos por todas partes. ¿Habían llegado los zombies y se comieron a la gente?

Encontramos unos clientes, pero no habĂ­a forma de encontrar algĂșn empleado. DespuĂ©s de una hora, en la computadora de la recepciĂłn encontramos nuestros nombres y un nĂșmero, golpeamos la puerta de la habitaciĂłn correspondiente y nos atendiĂł un chino que nos insistĂ­a que no tenĂ­amos que estar ahĂ­ porque iban a cerrar.

Después encontramos una empleada, que ya nos había visto y se había hecho la boluda. Vino el gordito anterior y también era empleado. Después de discutir un poco nos dieron la habitación.

Capítulo 8 🎒

Encontramos un nuevo hotel. Antes de ir recorrimos la plaza Tianmen, una de las plazas mĂĄs grandes del mundo, con todas las mochilas, mala decisiĂłn.

Cuento chino plaza Tianmen
Una de las plazas mĂĄs famosas del mundo estaba casi vacĂ­a. HabĂ­a mĂĄs militares que turistas

En el hotel nos pusimos a leer noticias y la cosa se estaba complicando. Casi todas las actividades estaban cerradas. Ya no se podĂ­a salir de PekĂ­n en bus y empezaban los rumores de que algunos paĂ­ses estaban cerrando la frontera con China.

Salimos a buscar un restaurante y estaban todos cerrados, terminamos comiendo en un combini tipo 7-Eleven. Pasamos por las Torres de la campana y del tambor, también estaban cerradas y solo algunas personas daban vueltas y jugaban en la plaza, un par de niños andaban en bicicletas custodiados por sus padres, dos señoras conversaban. En ese microclima nada parecía indicar lo que se venía, solo parecía una tarde tranquila de invierno en una ciudad con pocos colores.

Cuento chino crĂłnica
Un grupo juega con una pelota similar a las plumas de bĂĄdminton

Cuando me estaba bañando sentí que un dolor empezaba a crecer en la cintura, nunca sentí un dolor moverse tan råpido. Empezó detrås de la pierna derecha, hice un n movimiento y ya estaba instalado en la nalga, me moví para cerciorarme qué estaba pasando y antes que darme cuenta ya lo tenía mordiéndome la cintura como uno de esos perros que traban la mandíbula y no pueden soltar a la presa. Salí del baño rengueando y cuando quise acostarme, no podía inclinarme. El combo Tianmen+mochila+estres me pasaba factura.

CapĂ­tulo 9 đŸ§±

Encontramos a un yanquee que tenĂ­a el contacto de una chofer para ir a la muralla. Era caro, pero era la Ășnica chance de verla. Vamos.

Me costĂł sentarme en el auto y cada movimiento que hacĂ­a era una patada de Grimmi en la cintura.
Llegamos, para subir a la muralla había miles de escalones irregulares, casi lloro pensando que no iba a poder hacerlo. Apenas nos bajamos del auto (algo que demoré bastante en hacer) vino un señor con el brazalete rojo y amarillo a decir que no se podía. Nuestra chofer y el yanquee ya habían subido un tramo. Como perro rengo, lo ignoré y seguí subiendo de a poco mientras Lu aceleraba para buscar a la chofer para que nos ayudara.

Llegamos a un punto que habĂ­an bloqueado el camino, hasta ahĂ­ llegarĂ­amos. Casi agradecĂ­ no tener que seguir subiendo.

Bajamos y fuimos a ver el dique del que caía agua congelada y después nos subimos al auto.
Pasamos por un lago congelado y parecía que no íbamos a frenar, Lu estaba como los perritos cuando pasan frente a un parque con pelotas, niños jugando, fuentes tirando agua y gente comiendo en el pasto y no los dejan quedarse.

Le pedimos a la mujer que frene. Lu bajó corriendo de la felicidad, yo llegué al lago 2 minutos después. Y la felicidad era total, no impotaba todo el contexto. Era ver a Lu sonreír y sentir felicidad. Nos abrazamos mirando la muralla y parecía que todo lo vivido valía la pena.

CapĂ­tulo 10 đŸ„

Llegamos al hotel y el dolor ya era insoportable, no podía sentarme ni pararme. Quedé varado en un sillón, la impotencia de no pararme me daban ganas de llorar. Llamamos al seguro y fuimos a una clínica.
Volvimos, compramos los pasajes para dos días después y pensamos que ya podíamos relajarnos. Error.

CapĂ­tulo 11 đŸ€Šâ€â™‚ïž

Cada vez mĂĄs paĂ­ses negaban la entrada a chinos y a vuelos procedentes desde China.

A la tarde del dĂ­a siguiente nos dimos cuenta que desde Kiwi.com nos habĂ­an cancelado nuestros pasajes porque nos habĂ­an mandado un mail pidiendo confirmar unos datos. O sea que todavĂ­a no tenĂ­amos pasajes para salir de PekĂ­n.

CapĂ­tulo 12 đŸ€Šâ€â™‚ïžđŸ€Šâ€â™‚ïž

Volvemos a comprar pasajes. Nos llega la confirmaciĂłn del pasaje. Listo. ÂżListo? En China nada es fĂĄcil. A la tarde otra vez recibimos un mail pidiendo informaciĂłn, les mando y no me responden, les mando de nuevo y nada.

Con los nervios hasta el cogote y el culo fruncido decidimos ir al aeropuerto temprano, aunque nuestro vuelo fuera a las 20.

CapĂ­tulo 13 ✈

Llegamos al aeropuerto a las 12, 8 horas antes. Averiguamos y todo estaba bien. ParecĂ­a que era demasiado fĂĄcil, asĂ­ que volvimos a preguntar y sĂ­, no habĂ­a ningĂșn problema con nuestros pasajes. Por fin nos podĂ­amos ir de China.

CapĂ­tulo 14 đŸ‡”đŸ‡­

Aterrizamos en Filipinas, con miedo y paranoia, Âżnos dejaran entrar?

SĂ­, ya estamos adentro, de pedo nos pidieron completar un formulario diciendo que no tenĂ­amos sĂ­ntomas. Se terminĂł el cuento chino. Parece que las cosas se acomodan y nos podemos relajar. Ah, la espalda sigue doliendo.

Ah, noticia de Ășltimo momento: el dueño del hostel de Osaka, donde hicimos un voluntariado, acaba de avisarme que encontrĂł la tarjeta (que hace 2 meses le pedĂ­ 2 veces que mirara si encontraba). ÂżSe imaginan todo lo que hubiera cambiado si la tenĂ­amos hace dos meses? Todas nuestras decisiones cambiaban.

Desde hace muchos años escribo libros, si querés saber de qué se trata cada uno, entrå a esta sección, lee el resumen o bajate las primera påginas de cada uno. Por cada libro que comprås nosotros podemos viajar un poco mås, así que gracias.

POSTS RELACIONADOS

Dejanos tu Comentario