UN CUENTO CHINO: crónica de 4 días en China

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En pleno auge del Coronavirus estuvimos 4 días en China, acá cuento la precuela, la experiencia y la secuela de este viaje que no nos vamos a olvidar jamás. Y aunque ya salimos del país, por la inspiración, este es un cuento chino.

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Llegamos a Laos, y cuando quisimos sacar la visa para China nos enteramos que en todo el pa√≠s no existe ning√ļn centro de aplicaci√≥n para visas.
S√≠ fue error nuestro, sab√≠amos que la visa no se sacaba en las embajadas, pero supusimos que en todos los pa√≠ses exist√≠a alguna oficina para solicitar la visa. No, solo se hace en un pu√Īado de pa√≠ses.

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Llegamos a Japón. Lo primero que hacemos es sacar plata de nuestra cuenta argentina y lo segundo es perder la tarjeta, claro que recién lo supimos varios días después.

Aunque todavía quedaba algo en la cuenta que habíamos abierto en Nueva Zelanda, no era suficiente para continuar el viaje como teníamos planeado. Ahí empezaron las dudas, y se abrían los senderos de las decisiones.

Si no logr√°bamos que desde Argentina nos resolvieran el problema de la tarjeta ten√≠amos que pensar c√≥mo seguir: la √ļnica opci√≥n aceptable era saltearse China e ir directo a Filipinas. De esa forma no tendr√≠amos que pagar las car√≠simas visas chinas y nos √≠bamos a un pa√≠s m√°s barato.
Otro ingrediente en la ecuaci√≥n era el clima: ten√≠amos que viajar en una √©poca que en Pek√≠n la temperatura m√°xima es de 5¬į y la m√≠nima puede ser de -10¬į.

Y el tercer condimento era el a√Īo nuevo chino. Nuestra estad√≠a coincidir√≠a con todo el per√≠odo de festejo. Pros: ver los festejos en la propia China. Contras: transporte mucho m√°s caro, hoteles m√°s ocupados, dificultad para reservar ambas cosas. Con todo eso, ¬Ņseguimos queriendo ir? Nos pregunt√°bamos, y un d√≠a dec√≠amos S√≠ y al otro No. Y la indecisi√≥n nos estresaba, y lo de la tarjeta nos estresaba y Jap√≥n es caro y eso eso siempre estresa.

Cuando ya nos quedábamos sin tiempo para decidir, desde Argentina llegó la buena noticia: la madre de Lu logró que desbloquearan una tarjeta de débito a nombre de Lu.

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La visa china es complicada. Te piden tener comprados pasajes de ingreso y egreso al país y reservados los hoteles durante toda tu estancia. Y pagar bastante.

Una vez presentado todo, la cosa ya es rápida, a los 4 días la retirás.

Visa china en Japón
Esta es la vista desde el centro de servicios donde se saca la visa en Tokio

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En administración se estudia la toma de decisiones en distintos escenarios: con certeza y bajo incertidumbre, y se descarta la posibilidad de poder decidir conociendo todas las variables implicadas en la situación. Se llama decisión racional a aquella que lleva a elegir la mejor opción con la información conocida, y como siempre conocemos parte de las variables, los humanos (con suerte) tomamos decisiones de racionalidad limitada.

Al día siguiente de tener las visas empezó a hacerse fuerte el rumor de que el Coronavirus era cosa seria, pero no se hablaba de la posibilidad de cerrar todos los atractivos. Algo que sí se dijo al otro día, el 22 de enero. Nuestros pasajes estaban fechados para el 26.
El 23 y 24 fueron días de leer muchas cosas, algunos decían que todo estaba cerrado, otros que habían podido ir a la muralla. Algunos que tenían miedo porque el virus se contagia antes de saber que lo tenés, otros que se podía viajar tranquilo.

El 24 a la tarde leímos que estaba confirmado que no se podía ir a la muralla y parecía que la lista de lugares bloqueados iba a crecer.

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El 25 a la ma√Īana caminamos hasta la oficina de la compa√Ī√≠a a√©rea, era s√°bado y estaba cerrada.
Volvimos caminando con la resignación de un condenado. Vamos y vemos qué pasa. Vamos y vemos, si es tan malo como pintan, nos vamos rápido, y si se puede nos quedamos.

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La escala en Shangai arrancó con entusiasmo, finalmente estábamos en China, no se veía nada de paranoia, el aeropuerto estaba tranquilo, poca gente.
Estrenamos las VPN y pudimos conectarnos a internet que era uno de nuestros miedos.

No recuerdo por qué, pero revisé los mails y encontré uno de un emisor chino, que decía Urgent Notice. Lo abrí con miedo, y el mail decía que esa noche podíamos dormir en el hotel de Pekin, pero que cerraban al día siguiente y teníamos que buscar a dónde irnos.

Ahí cambió todo el cuento chino, la alegría se transformó en angustia y desconcierto. Qué hacemos en un país bajo amenaza de epidemia, donde casi nadie habla un segundo idioma y en un hotel al que llegamos a la 1 am y nos tenemos que ir a las pocas horas, sabiendo que muchos hoteles están cerrados.

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En el bus desde el aeropuerto al centro perdí los guantes. Lu ya había perdido los suyos, pero habíamos encontrado 2 de diferentes pares, me prestó uno y así andábamos, con un guante cada uno.

Llegamos al hotel de Pek√≠n, parec√≠a abandonado, hab√≠a c√°scaras de man√≠ que formaban monta√Īas, envoltorios de galletas y papas fritas por el piso, no encontr√°bamos c√≥mo prender la luz, en un momento encontramos un gato dormido, hab√≠a botellas de gaseosas por la mitad, vasos servidos sin tomar, colillas y cenizas de cigarrillos por todas partes. ¬ŅHab√≠an llegado los zombies y se comieron a la gente?

Encontramos unos clientes, pero no hab√≠a forma de encontrar alg√ļn empleado. Despu√©s de una hora, en la computadora de la recepci√≥n encontramos nuestros nombres y un n√ļmero, golpeamos la puerta de la habitaci√≥n correspondiente y nos atendi√≥ un chino que nos insist√≠a que no ten√≠amos que estar ah√≠ porque iban a cerrar.

Después encontramos una empleada, que ya nos había visto y se había hecho la boluda. Vino el gordito anterior y también era empleado. Después de discutir un poco nos dieron la habitación.

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Encontramos un nuevo hotel. Antes de ir recorrimos la plaza Tianmen, una de las plazas más grandes del mundo, con todas las mochilas, mala decisión.

Cuento chino plaza Tianmen
Una de las plazas más famosas del mundo estaba casi vacía. Había más militares que turistas

En el hotel nos pusimos a leer noticias y la cosa se estaba complicando. Casi todas las actividades estaban cerradas. Ya no se podía salir de Pekín en bus y empezaban los rumores de que algunos países estaban cerrando la frontera con China.

Salimos a buscar un restaurante y estaban todos cerrados, terminamos comiendo en un combini tipo 7-Eleven. Pasamos por las Torres de la campana y del tambor, tambi√©n estaban cerradas y solo algunas personas daban vueltas y jugaban en la plaza, un par de ni√Īos andaban en bicicletas custodiados por sus padres, dos se√Īoras conversaban. En ese microclima nada parec√≠a indicar lo que se ven√≠a, solo parec√≠a una tarde tranquila de invierno en una ciudad con pocos colores.

Cuento chino crónica
Un grupo juega con una pelota similar a las plumas de b√°dminton

Cuando me estaba ba√Īando sent√≠ que un dolor empezaba a crecer en la cintura, nunca sent√≠ un dolor moverse tan r√°pido. Empez√≥ detr√°s de la pierna derecha, hice un n movimiento y ya estaba instalado en la nalga, me mov√≠ para cerciorarme qu√© estaba pasando y antes que darme cuenta ya lo ten√≠a mordi√©ndome la cintura como uno de esos perros que traban la mand√≠bula y no pueden soltar a la presa. Sal√≠ del ba√Īo rengueando y cuando quise acostarme, no pod√≠a inclinarme. El combo Tianmen+mochila+estres me pasaba factura.

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Encontramos a un yanquee que ten√≠a el contacto de una chofer para ir a la muralla. Era caro, pero era la √ļnica chance de verla. Vamos.

Me costó sentarme en el auto y cada movimiento que hacía era una patada de Grimmi en la cintura.
Llegamos, para subir a la muralla hab√≠a miles de escalones irregulares, casi lloro pensando que no iba a poder hacerlo. Apenas nos bajamos del auto (algo que demor√© bastante en hacer) vino un se√Īor con el brazalete rojo y amarillo a decir que no se pod√≠a. Nuestra chofer y el yanquee ya hab√≠an subido un tramo. Como perro rengo, lo ignor√© y segu√≠ subiendo de a poco mientras Lu aceleraba para buscar a la chofer para que nos ayudara.

Llegamos a un punto que habían bloqueado el camino, hasta ahí llegaríamos. Casi agradecí no tener que seguir subiendo.

Bajamos y fuimos a ver el dique del que caía agua congelada y después nos subimos al auto.
Pasamos por un lago congelado y parec√≠a que no √≠bamos a frenar, Lu estaba como los perritos cuando pasan frente a un parque con pelotas, ni√Īos jugando, fuentes tirando agua y gente comiendo en el pasto y no los dejan quedarse.

Le pedimos a la mujer que frene. Lu bajó corriendo de la felicidad, yo llegué al lago 2 minutos después. Y la felicidad era total, no impotaba todo el contexto. Era ver a Lu sonreír y sentir felicidad. Nos abrazamos mirando la muralla y parecía que todo lo vivido valía la pena.

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Llegamos al hotel y el dolor ya era insoportable, no podía sentarme ni pararme. Quedé varado en un sillón, la impotencia de no pararme me daban ganas de llorar. Llamamos al seguro y fuimos a una clínica.
Volvimos, compramos los pasajes para dos días después y pensamos que ya podíamos relajarnos. Error.

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Cada vez más países negaban la entrada a chinos y a vuelos procedentes desde China.

A la tarde del día siguiente nos dimos cuenta que desde Kiwi.com nos habían cancelado nuestros pasajes porque nos habían mandado un mail pidiendo confirmar unos datos. O sea que todavía no teníamos pasajes para salir de Pekín.

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Volvemos a comprar pasajes. Nos llega la confirmaci√≥n del pasaje. Listo. ¬ŅListo? En China nada es f√°cil. A la tarde otra vez recibimos un mail pidiendo informaci√≥n, les mando y no me responden, les mando de nuevo y nada.

Con los nervios hasta el cogote y el culo fruncido decidimos ir al aeropuerto temprano, aunque nuestro vuelo fuera a las 20.

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Llegamos al aeropuerto a las 12, 8 horas antes. Averiguamos y todo estaba bien. Parec√≠a que era demasiado f√°cil, as√≠ que volvimos a preguntar y s√≠, no hab√≠a ning√ļn problema con nuestros pasajes. Por fin nos pod√≠amos ir de China.

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Aterrizamos en Filipinas, con miedo y paranoia, ¬Ņnos dejaran entrar?

Sí, ya estamos adentro, de pedo nos pidieron completar un formulario diciendo que no teníamos síntomas. Se terminó el cuento chino. Parece que las cosas se acomodan y nos podemos relajar. Ah, la espalda sigue doliendo.

Ah, noticia de √ļltimo momento: el due√Īo del hostel de Osaka, donde hicimos un voluntariado, acaba de avisarme que encontr√≥ la tarjeta (que hace 2 meses le ped√≠ 2 veces que mirara si encontraba). ¬ŅSe imaginan todo lo que hubiera cambiado si la ten√≠amos hace dos meses? Todas nuestras decisiones cambiaban.

Desde hace muchos a√Īos escribo libros, si quer√©s saber de qu√© se trata cada uno, entr√° a esta secci√≥n, lee el resumen o bajate las primera p√°ginas de cada uno. Por cada libro que compr√°s nosotros podemos viajar un poco m√°s, as√≠ que gracias.

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