Las leyes de Murphy del autostop

por nicobonder
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Itinerario Sudamérica

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LEY DE MURPHY#1 PARA HACER AUTOSTOP: “La cantidad de tiempo que tendrás que esperar en la ruta, será directamente proporcional a la ansiedad que le demuestres a los conductores que pasan frente a ti”.

El viaje arrancó con suerte y el primer camión al que le levantamos el pulgar, frenó al costado de la ruta. Nos sorprendimos por la efectividad, en Colombia no nos había ido muy bien haciendo dedo, la mayoría de los intentos habían fracasado. El miedo de la guerra dura en el alma de las personas, sin importar que el presidente reciba un premio Nobel de la Paz, entonces ven a cualquier extraño como un potencial peligro. Es un miedo que se nota en la mirada huidiza de los conductores o en la rapidez con la que te habla la gente en la calle.

LEY DE MURPHY#2 PARA HACER AUTOSTOP: “Cuanto más elegante sea el auto, más fuerte te ignorará su conductor”.

La máquina de nuestro chofer no era linda ni nueva, pero llevaba el mismo destino que nosotros. Viajar 12 horas seguidas en un camión te regala horas de silencio, que se pueden usar para apreciar paisajes que aparecen ante nosotros por primera vez o para pensar y reflexionar. Los paisajes, en general, me aburren. Si durante 800 kilómetros hay montañas, árboles y pueblos salpicados cada tanto, mi asombro solo se despierta al cruzar estos poblados, donde intento ver un poco de la vida de esas personas que habitan al costado de la ruta y que ven pasar con tranquilidad el tiempo y los grandes camiones que cruzan frente a sus casas, fugaces como un latigazo. El resto del tiempo, mi niño interior usa los arrumacos que dan los grandes motores para dormir como si hubiera subido la montaña corriendo.

Sesión de fotos en la hacienda de Pablo Escobar

LEY DE MURPHY#3 PARA HACER AUTOSTOP: “Cuanto más metros sobre el nivel del mar debas subir en tu viaje, más cargado viajará tu camión”.

Uno de los viajes más largos que hicimos en un solo trayecto fue para ir desde Bogotá  hasta Medellín. Lo más difícil había sido salir de la capital colombiana. Viajábamos a la tierra de los paisas, que son los más de dos millones y medio de personas que viven en Medellín, y que muestran un orgullo exagerado por dos cosas: su sistema de transporte y ser las personas más amables de toda Colombia.  El camión que nos llevaba iba cargado con 34 toneladas de comida para pollos, es como llevar 60 vacas sobre dos ejes. Para llegar debíamos atravesar una de las rutas más peligrosas del país, donde las muertes por aludes son algo habitual. La monotonía del ruido del motor y del paisaje hace que uno avance como en cámara lenta, todo demora más en mutar, por eso sentíamos que no nos movíamos, y las 12 horas de viaje se fueron escurriendo tan lentas como las gotas que brotaban de nuestras frentes. Mi niño interior se despertaba cuando cruzábamos por algunos pueblos donde, gracias a la cantidad de agua que brotaba de las montañas, usaban esos manantiales naturales para bañarse o para lavar camiones.

El día anterior había habido un alud por la ruta principal, por eso habían habilitado una vía alternativa, pero el día de nuestro viaje hubo un nuevo alud y esa vía también quedó bloqueada, así que cuando estábamos a unos 100 kilómetros de nuestro destino, el camionero, uno de esos colombianos grandotes y de rulos morenos, tuvo que llamar a su jefe para averiguar si íbamos a poder pasar o no.

LEY DE MURPHY #4 PARA HACER AUTOSTOP: “Cuanto más generoso sea tu camionero, más pesada será su carga y más lento su camión”.

A unos 70 kilómetros de Medellín, el chofer nos dijo que solo dejaban pasar la zona del alud hasta las 10 de la noche y ya eran las 9 por lo que él iba a hacer noche en un hotel y si queríamos nos pagaba la habitación. Viendo que a esa hora iba a ser imposible hacer autostop, aceptamos su propuesta. El hotel era baratísimo pero para nosotros era mejor que el Sheraton. De un lado, la frontera era la carretera y, en el fondo, delimitaba con un precipicio. Saltando a través de él, se veía una gran montaña. Una luna brillante como el reflector de un faro nos servía de guía en aquel paisaje novedoso para nuestros ojos. El hotel tenía una pileta tan grande que nuestro amigo camionero podría haber estacionado su máquina adentro y otra un poco más chica, en la que solo cabría un auto, que se cargaba con agua de vertiente. Cenamos la famosa bandeja paisa (tal vez el tercer orgullo de Medellín): un plato que incluye frijoles, arroz, patacones, ensalada, yuca, huevo frito, arepa, chorizo, chicharrón y bife de res. El camionero charló con la gente del hotel con la confianza de quienes  se han visto antes y comparten algunos códigos, pero que no son amigos. Comentaron las noticias del alud y hablaron acerca de si el clima iba a mejorar o no. La amabilidad no solo estaba en los gestos, como el que el camionero había tenido con nosotros, también en el tono de voz netamente paisa, que se mueve con un cantito hecho con pausas y sin prisas, con vocales estiradas, la amabilidad se percibe en la paz que se siente al escuchar ese hablar lento, educado y cortés.

LEY DE MURPHY#5 PARA HACER AUTOSTOP: “Cuanto más calor haga, más viejo será tu camión y menos comodidades tendrá”.

Refrescándonos con aire caliente

Con Lu nos cambiamos y fuimos a la piscina a refrescarnos, algo que nos venía muy bien después de haber viajado más de 12 horas con un calor que nos había hecho transpirar gruesas gotas, y que se sentía más sofocante en la cabina del viejo camión, sin aire acondicionado y con las ventanillas bajas, que dejaban entrar el aire caliente de las sierras colombianas. En realidad no nos refrescamos, pasamos frío hasta temblar: nuestros dientes sonaban como castañuelas, pero ni así dejamos de sonreír. Nuestras risas cortaban el silencio de aquella noche fría, que de a poco comenzaba a oler a felicidad.

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