Malaca: debut en los voluntariados

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Aquellas personas que nos vamos cruzando en el camino van marcando las experiencias y la visión que tenemos de un lugar. La ciudad más hermosa del mundo puede convertirse en una pesadilla si te cruzás con las personas equivocadas y, por el contrario, una ciudad cualquiera, ignorada por la mayoría puede convertirse en tu preferida cuando encontrás los personajes indicados para conocerla. Para nosotros Malaca (o Melaka) está en la segunda categoría.

Teena y Lee

En Sudamérica nos había ido tan bien con Couchsurfing que teníamos (y todavía tenemos) muchas expectativas sobre los anfitriones asiáticos. Y se sabe que cuando las expectativas son altas, la caída puede ser grande. Así que del anfitrión que nos tocó en Malaca nos fuimos rapidito antes que la caída terminara, y del otro lado nos esperaban Teena y Lee.

Teena es una malaya que putea en perfecto inglés. Lee es un inglés que aunque sabe algo de malayo, prefiere hacerse el que no entiende.
Teena se crió en Kuala Lumpur pero, como muchas personas, se cansó de la gran ciudad y buscó nuevos rumbos en el mapa.
Lee se crió y vivió en Inglaterra, hasta que le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica. Tuvo que dejar de trabajar y recibió una pensión. Como muchas personas que se retiran jóvenes en países del primer mundo, sabía que con esa pensión no iba a vivir muy bien en su país, pero era suficiente para viajar por muchos otros.
Teena no se alejó mucho de casa, se instaló en Malaca.
Lee se compró una camioneta, atravesó buena parte de Europa, la dejó estacionada en Kazajistán y tomó un avión para recorrer Asia. Una vez por año vuelve hasta su camioneta, y manejarla es la prueba que necesita para saber que todavía está bien.
Teena puso una guesthouse.
Lee estuvo muchos días en Malaca, parando en una guesthouse. Estaba en frente de la guesthouse que manejaba una tal Teena. El tal Lee y la tal Teena nunca se vieron.
Lee se fue de viaje de nuevo, pero ya se había enamorado. Tenía que elegir un lugar donde instalarse, y Malaca le pareció el lugar ideal, chica pero con actividad y cultura, barata y cerca de todo. Volvió al hospedaje que ya conocía, pero tenía todas las habitaciones ocupadas, le sugirieron que preguntara al frente.
Teena se sorprendió al ver aquel turista blanco y flaco, y lo recibió con una sonrisa.
💑 Lee esta vez se enamoró pero no de la ciudad. Teena y Lee hace años son un equipo y una pareja, manejan juntos la guesthouse mientras él cose bolsitos que vende para recaudar fondos para escuelas de Sumatra.

Y ahí llegamos para experimentar nuestro primer voluntariado con HelpX. Alojamiento y comida a cambio de trabajo.

Con nuestros jefes en el voluntariado
Comiendo en un restaurante-anticuario para despedirnos

La ciudad

Malaca por la distancia que la separa de Kuala Lumpur, suele ser una visita de un día, particularmente para chinos que viajan en buses y siguen a un guía con una banderita, y más especialmente los fines de semana. Así que la mayoría de los que van a Malaca solo conocen un par de lugares céntricos que figuran en las guías de viajes.

Pero para nosotros la ciudad significaba más que nada descanso🛌. Veníamos de toda la aventura de Sumatra, que después del robo continuó con días de viajes en buses, diarrea, trenes, diarrea, autostop, diarrea, dormir en una escuela, diarrea y un ferry hasta Malasia. Necesitábamos quedarnos quietos en un lugar sin tener que armar y desarmar la mochila, poder alimentarnos bien y descansar tanto como quisiéramos. Así que por primera vez recurrimos a la búsqueda de un voluntariado. Estar dos semanas en una ciudad pequeña nos dio tiempo para conocer los que los turistas no conocen y ver muchas veces lo que sí conocen, y por lo tanto conocerlo con distintas miradas.

Después de haber caminado por afuera de los lugares que son visitados en forma de manada, decidimos que era hora de mirar los rincones desde adentro. Cada lugar que uno recorre en Malaca está marcado por el pasado. Esta es la ciudad donde nació Malasia, y era el puerto más deseado por todos. Por eso fue conquistada, y pasando de mano en mano, por portugueses, holandeses e ingleses.

Tal vez por eso una de las mejores formas de empezar a conocer la ciudad es a través de la puerta de Santiago, más conocida como A Famosa. Es la puerta de la fortaleza que tenían los portugueses, y que fue asediada por los holandeses hasta que conquistaron la ciudad. Ese edificio que hoy tendría más de 500 años, quedó casi extinto salvo por este pedacito de construcción.

Y desde aquí subimos uno a uno los escalones que separaban esa puerta de la iglesia cristiana que habían construido los lusitanos, y que lógicamente al llegar los protestantes holandeses, la derribaron.

💒 Ese edificio además de ofrecer una hermosa de vista de una buena parte de la ciudad, nos permite linkear esa iglesia con la otra, la Christ Church. La construyeron los holandeses, a quienes se les ocurrió hacer una iglesia como para celebrar que se cumplían los 100 años de haberle arrebatado la ciudad a los portugueses ( tal vez los colonizadores más loosers de la historia, pero eso merece un relato aparte). Claro que esos muchachos eran protestantes, así que el nombre actual (Iglesia Cristiana en español) se lo pusieron los ingleses después de un tratado que hicieron con los holandeses, un tratado donde los que juegan de naranja le pasaron la ciudad a los que aman a la reina. Mientras leía los cartelitos informativos en todos los lugares que visitábamos, pensaba lo difícil que debe ser para los chicos malayos estudiar historia en la escuela y tener que aprender quien conquistó, quien arrebató, quien vendió y quien regaló qué cosa en esta ciudad.

La Plaza Roja de Malaca, que es donde está la Christ Church, es el epicentro histórico de la ciudad y es en donde desembarcan los buses repletos de turistas chinos. Además de la iglesia, hay una torre de reloj (holandesa), una fuente en honor a la reina Victoria (inglesa, of course) y el edificio más importante es el Stadthuys, construido por los holandeses alrededor de 1650 para ser usado como residencia y oficina del gobernador y hoy es un museo que adentro se divide en 3 museos, donde se puede aprender bastante acerca de toda esta historia enmarañada de conquistas y derrotas europeas.

El frente de la Christ Church en Melaka
El rojo caracteriza a todos los edificios históricos de Malaca, aunque el color original de la iglesia era blanco

Con tanta historia a veces es fácil olvidarse que también hay una historia de las personas locales. Y la mejor forma de ver cómo vivían los malayos hasta hace un siglo es ir al barrio Kampung Morten. Un barrio chico, con algunas casas con el estilo tradicional, que de a poco se va transformando, pero hay una casa especial. Una casa pedazo de historia. Puntapié de un barrio histórico donde se refugiaron algunos malayo cuando el centro empezaba a ser un lugar difícil para conseguir vivienda. Esa casa es Villa Sentosa.
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La gracia de Sentosa está en su capacidad de no alterarse a pesar de las tentaciones del tiempo. La gracia también está en responderle a la mujer que cuida la casa las preguntas que te hace, y que repite una y otra vez con una sonrisa, porque su memoria sí se vio alterada por las tentaciones del tiempo. También, para que la ilusión continúe, hay que mostrarse sorprendido cuando con su inglés te dice cuantos hijos y cuantos años tiene, o cuando muestra orgullosa la foto de la vez que un rey visitó la casa y cuenta desde cuando su familia vive allí.⠀
Y la gracia también está en caminar hacia donde no es necesario esquivar los contingentes de turistas que recorren los mismos caminitos como hormigas. 🚶

Como queríamos seguir alejándonos de lo céntrico, alquilamos un par de bicis y nos separamos por un par de kilómetros de lo que todos ponen en las listas de “mustdo” de Melaka y nos fuimos a conocer lo que llaman la mezquita flotante 🕌. En realidad no flota, pero está sobre el mar, en la isla artificial de Melaka. Moderna en su arquitectura con una combinación de estilos de distintas ramas musulmanas, pero clásica e imperturbable en sus códigos de vestimenta que obligan a las mujeres a cubrir todo su cuerpo y su cabello. La mezquita es una excusa perfecta para hacer unos kilómetros conociendo barrios que se alejan del ruido y mantienen el estilo malayo en sus construcciones y en sus ritmos. 
Los locales recomiendan ir para el atardecer, lo que no te dice es que (como en todo Malasia) en una buena parte del año es muy probable que esté nublado y no veas el sol🤷‍♂️. 

Mezquita flotante de Malaca
Atardece detrás de la mezquita y detrás de las nubes

Digo bien cuando hablo de excusa. La mezquita no era la primera (ni iba a ser la última) que veíamos, ni la más grande, ni la más antigua, pero el paseo fue el primero que disfruté después de todo lo vivido en Sumatra. Cuando viajamos por Sudamérica descubrimos que lo que más felicidad nos daba era lo que más nos permitía acercarnos a nuestro niño interior, y andar en bicicleta después de tantos años, recorrer una ciudad pequeña sintiendo el viento en la cara, bordear el río iluminado por miles de lamparitas LED y saludados por las docenas de murales que adornan la costanera, por fin me hizo sentir que el niño interior tenía un respiro y podía adueñarse del viaje por un rato. Así que yo sonreía, después de mucho tiempo. 🚴‍♀️ Al volver de la mezquita quería seguir pedaleando, no me importaba a donde, solo sabía que no quería bajarme de la bici.

Panorámica desde el río de Malaca
Una panorámica del río, ¿no es bonita Malaca?

Igual que mi humor en esos días, Melaka me parecía un poco bipolar. De lunes a jueves es un pueblo tranquilo, con manchones de turistas dando vueltas alrededor de 3 o 4 puntos destacados de la ciudad y noches silenciosas, costanera despejada y barcitos semi vacíos. Pero los viernes, sábados y domingos es una estrella de pop asiático 🕺, con pelos despeinados, remera ajustada y transpirada, rodeada de fans. Esos días sus calles toman el ritmo del night Market de la Jonker Street, los turistas se multiplican, el ruido aumenta y los bares facturan lo que no hicieron el resto de la semana. Esas noches la Jonker Street se transforma en el paseo obligado, amontonado y pegajoso de todos los turistas que pasan por Malaca los fines de semana. El domingo a la noche todo empieza a calmarse, la ciudad se relaja y se va a dormir agotada😴, preparándose para el inicio de un nuevo ciclo. 

Lo que más recorrimos de la ciudad, y lo que creo que más la representa, es la Harmony Street. Malaca no solo es un hermoso ensamble de culturas heredadas de colonizadores europeos, también es un cruce religioso que se resume en estas cuadras donde encontramos varios templos, pero que se ve en toda la ciudad. En Malasia existen 3 minorías importantes: musulmanes, indios tamiles y chinos. 🕌 En Harmony Street podemos encontrar templos adorados por todos ellos; templos hindúes, mezquitas y templos budistas. Si prestamos atención vemos que esa convivencia pacífica se trasladó incluso a las recetas, convirtiendo a la comida china en platos picantes como cualquier otra comida hindú.

Recorremos la Harmony Street y te contamos un poco la historia de cada templo

Si hiciéramos un ranking de cosas poco turísticas que visitamos en Malaca, el ganador absoluto sería Bukit China. El cementerio más grande de una comunidad china, fuera de China. Creo que su historia es más interesante que la caminata entre sus 12500 tumbas. Y la historia arranca a fines del siglo XV, cuando el emperador Yung Lo envió a un capitán para establecer relaciones con el sultán de Malaca. Para sellar lo que parecía una prometedora relación, el sultán Mansur Shah de Malaca se casó con la hija del emperador Ming, la princesa Hang Liu. Y como regalo, el sultán le dio las tierras de Bukit China (o colina china) a la princesa. A partir de ahí la afluencia de colonos chinos aumentó dramáticamente, ya que cuando llegó la princesa trajo consigo un considerable séquito que incluía 500 doncellas y todos se instalaron en este área.

Estos primeros residentes chinos fueron los que cavaron los 7 pozos de agua (de los que ahora quedan 3, porque la vida moderna se cargó a los otros 4). El más importante es el que está detrás del templo, llamado King’s Well, sirvió como un importante suministro de agua para los habitantes de Bukit China. Como resultado, a menudo era visto como un objetivo para las fuerzas invasoras que buscaban envenenar el pozo en su esfuerzo por apoderarse de la ciudad. Por eso los holandeses lo protegieron encerrándolo dentro de una muralla, cuyas ruinas aún permanecen de pie.

El voluntariado

Los primeros días no fueron fáciles. Mi estado anímico post Sumatra era cercano a la depresión, me costaba encontrar algo positivo en cualquier cosa que pasara a mi lado, y con todos los vicios de Licenciado en Administración (hiperactivo y estructurado, para colmo), creía que un trabajo necesitaba de horarios y tareas determinadas. Teena y Lee le dieron 4 sopapos a mis preconceptos. Casi nunca sabíamos qué había que hacer, tenía tiempo libre durante las horas de trabajo y, peor aún, no sabía cuales eran las horas de trabajo, que se confundían con las de ocio. Eso me desesperaba, ¿cómo voy a planificar mi ocio si no conozco mis horarios de trabajo? Sin duda que el voluntariado fue todo un desafío.

Pero de a poco fui entendiendo que si me daban libertad, debía aprender a adueñarme de esa libertad. Algo que cuando uno no está acostumbrado, no es fácil. Entonces, empecé a llevar la computadora a la guesthouse, trabajaba en lo mío, primero mirando de reojo a los jefes, a ver si les molestaba, después más relajado, entendiendo que si ellos necesitaban que nosotros hiciéramos algo nos iban a pedir, y como dijo Lee, si sentían que estábamos siendo muy vagos, nos iban a avisar. Así que después de un par de días de convivencia con Teena y Lee y después de un par de discursos tranquilizadores y relajados de Lu, empecé a disfrutar de la relación con ellos y a ver que además de la relación cuasi laboral, podía haber una relación más amistosa, podía hacerles preguntas y conocerlos y aprender.

Cuando conseguimos el voluntariado me imaginé qué tipo de tareas nos iban a dar. ¿Pintar una pared? ¿Algo de jardinería tal vez? Seguro que limpiar mucho, hacer camas todos los días, ayudar en las clases de cocina, encargarnos de los check-in y check-out. Entre todo lo que imaginé nunca se cruzó ayudante de modisto ✂.

Cortando tela en el voluntariado
Cortando tela que luego se transformaría en carteras y bolsos

No sé cómo llegamos de la posibilidad de pintar una pared a que yo estuviera con una lapicera marcado telas y tijera en mano estuviera ayudando a Lee a preparar todo para que él pudiera coser las carteras que luego vendería a los turistas que caminaban frente a la guesthouse. Sin duda esta gente no me conocía, sino, no me hubieran asignado tareas que requerían precisión y paciencia, cualidades que tenga en cantidades bastante escasas.
En perspectiva, me di cuenta que fue una gran experiencia la del primer voluntariado; cumplimos el objetivo de descansar de armar y desarmar la mochila cada 4 días y de tener que tomar decisiones importantes a diario, conocimos 2 personas hermosas, pudimos recorrer la ciudad por rincones que solo se recorren cuando sobra el tiempo e incursioné en tareas que intentaría esquivar si pudiera, y las disfruté.

De Malaca nos fuimos para Singapur, en el bus pensaba cómo iba a encarar este post, y me resultaba extraño no saber qué contar sobre ellos, y lo rápido que quedaría viejo lo que contara. No podía dejar de asociarlo con uno de los escritores que más admiré el Negro Fontanarrosa. ¿Cuantos años más le quedan a Lee, cuantos podrá usar su cuerpo y cuántos más su mente sobrevivirá presa de ese cuerpo? En un viaje donde uno de los objetivos es conocer historias, nos involucramos en el corto plazo y con sentimientos breves con muchas personas, y esas personas quedan atrás y vamos perdiendo de vista sus historias. Por ahora un pedacito de nosotros quedó con ellos, ¿pero en cuántos meses empezaremos a olvidarlos? No por desinteresados, sino porque otras historias ocuparan sus lugares. ¿Alguna vez nos enteraremos qué fue de sus vidas? El día que Lee ya no esté al lado de Teena seguramente no nos vamos a enterar, porque la vida sigue, un kilómetro tras otro y una historia tras otra. Escribo esto a más de mil kilómetros de ellos, intentando disfrutar y asimilar todo lo que vivo, con éxitos y fracasos, porque un viaje es como la vida misma.

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